domingo, 24 de diciembre de 2006

LA ROSA CUBISTA DE JOSÉ KOZER

La escritura de José Kozer (La Habana, 1940) constituye un origami, un sujeto geométrico expandido, que su vez funciona en una perenne agramaticalidad.

No se trata de desvalorizar la sintaxis castellana, sino de lograr un funcionamiento asimétrico de los puentes, que une el habla con el decir poético.

Esta agramaticalidad no concibe necesariamente el alcance de otra lengua: la construcción de Kozer es una edificación suprasintáctica, cuyos cimientos son reconstrucciones en sí mismas, partículas devueltas al uso corriente de la lengua ya erradicadas al holocausto.

En el momento de ingerirse esta poética (y aquí esa ingesta es válida, porque la escritura de nuestro autor cubano es tan comestible como una planta silvestre) el lector se constituye comensal de una serie de movimientos orgánicos, por instantes bien imperceptibles, que imbrican las palabras en una receta inconsciente, atomizadora de las variables más elementales de la llamada poesía en mayúscula.

Hay abluciones, hay desperdicio, hay porosidad, hay sudación-exudación: existe un poema y su organismo vivo, digestivo, se tienta y muestra su mejor carta a la carta.

Intervenir, con la técnica de “desarmar”, sobre los poemas de Kozer, como si fuese un juego de encastrar piezas (manteniendo la ilusión de colocar nuevamente las mismas en su lugar), sería conveniente, pero sólo en el caso de que esa operación se diese en el plano de la especulación pre-escritural, y no en la especulación grafómana, directa hacia el papel. ¿Por qué?

Si tuviéramos la oportunidad de desacomodar esos versos y acondicionarlos a una lógica narrativa (del relato, tal vez), se obtendría una secuencia finita de sentido, en un plano formal y a un simple paneo, seguramente sin grandes diferencias entre una disposición u otra, es decir, la presentación de lo narrativo con relación a distribución lírica.

Así, los textos de Kozer, inmersos en ese soporte prosaico del que semejan suspenderse, deben ser tomados desde otro ángulo, para avisorar con más certeza que su dificultad es su inmanencia.

No creo encontrar otra definición más aproximada de la poesía de Kozer, que no fuese en términos tan conceptuales.

Inmanencia como cosa constitutiva, inherente, relacional, aunque también, acercando a nuestro favor la sinonimia, agregado, anexo.

La poesía de Kozer como un adicional permanente que surge del texto cuando éste parece definirse y concluir.

Plana, y también horzontal, otro punto de ataque de la poesía del escritor cubano: su sintaxis catastral, planimétrica.

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